El Real Madrid atraviesa un momento de forma envidiable. No es solo que gane, es la sensación de autoridad que proyecta, una mezcla de brillantez técnica y sobriedad táctica que desarmó por completo a un Sevilla todavía en construcción. El equipo blanco se mueve actualmente a una velocidad de crucero que parece inalcanzable para el resto; es un ecosistema donde la veteranía de figuras como Luka Modric se funde con el hambre de los jóvenes que aspiran a heredar su trono. En este Madrid, quien no se adapta al ritmo frenético simplemente no sobrevive.
Esa diferencia de realidades se hizo patente desde los primeros minutos. Mientras Ivan Rakitic intentaba dotar de sentido al juego hispalense con un ritmo más pausado, Modric aparecía en el área con la frescura de un debutante para abrir el marcador tras apenas cinco minutos de juego. Fue el reflejo de dos mundos distintos: la estabilidad total frente a un Sevilla que, tras las salidas de piezas clave como Koundé o Diego Carlos, parece haber perdido ese aura de equipo inexpugnable que tuvo con Lopetegui. Jorge Sampaoli ha llegado con la intención de recuperar el protagonismo a través del balón, pero el Santiago Bernabéu no es, precisamente, el escenario ideal para experimentos a medio hacer.
La fragilidad defensiva ante el colmillo blanco
El planteamiento de Sampaoli buscaba la posesión, pero para jugar de tú a tú en Chamartín se requiere una seguridad defensiva que el Sevilla actual no posee. El Madrid, que huele el miedo como el mejor de los depredadores, adelantó líneas para forzar el error en la salida. La apuesta le salió rentable muy pronto. Tras varios avisos, Vinicius aprovechó una indecisión de Montiel para ganar la línea de fondo, frenar el tiempo y poner un pase quirúrgico al segundo palo, donde Modric solo tuvo que empujar el cuero.
A partir de ahí, el partido se convirtió en un monólogo blanco durante gran parte del primer tiempo. El Madrid no se conformó con replegarse; buscó la yugular. Fede Valverde desbordaba con una potencia física descomunal y David Alaba rozaba el segundo en jugadas a balón parado. La defensa sevillista, remendada con Gudelj debido a las bajas, sufría lo indecible ante cada transición. Sin embargo, como suele ocurrirle a los equipos que perdonan, el Madrid permitió que su rival se mantuviera con vida al no cerrar el encuentro antes del descanso.
Reacción andaluza y el factor Mbappé
Tras el paso por vestuarios, el guion cambió ligeramente. El Sevilla dio un paso adelante, espoleado quizás por las correcciones de Sampaoli en el túnel. Con Isco actuando como falso nueve y Óliver Torres conectando líneas, los visitantes lograron empatar de la misma forma que habían encajado el primero. Esta vez fue Montiel quien le robó la cartera a Vinicius para habilitar a Erik Lamela, que batió a un Courtois recién recuperado de su ciática.
No obstante, la actualidad del club blanco no solo pasa por lo ocurrido en el césped. La expedición hacia la Supercopa de España en Arabia Saudí se presenta con nubarrones para Xabi Alonso, que se juega gran parte de su crédito sin su principal arma ofensiva. Kylian Mbappé, responsable de más de la mitad de los goles del equipo este curso, se quedará en Madrid recuperándose de sus problemas en la rodilla. Aunque algunos rumores apuntaban a una reaparición milagrosa en una hipotética final, el cuerpo médico ha optado por la prudencia para evitar una recaída de una lesión que ya le lastró en la derrota ante el Celta.
Alternativas ante la ausencia del astro francés
La baja de Mbappé es un golpe durísimo para Alonso, especialmente en un torneo que, pese a lo que se diga públicamente, marcará el termómetro de su continuidad en el banquillo. Sin los 29 goles del francés, el técnico tolosarra deberá confiar en la irrupción de Gonzalo García. El canterano llega con la moral por las nubes tras su reciente triplete liguero, demostrando que su perfil de delantero centro puro ofrece variantes tácticas que el equipo agradece.
El Real Madrid viaja, por tanto, en una dualidad extraña: exhibiendo un dominio casi insultante en su juego colectivo, pero condicionado por la fragilidad física de su gran estrella. La Supercopa será la prueba de fuego para comprobar si este bloque, que devora rivales con la facilidad de quien deshace un flan, puede mantener el nivel de excelencia sin el hombre que suele acaparar todos los focos.