Novak Djokovic, lejos de buscar excusas tras caer derrotado ante Carlos Alcaraz en la final, ofreció una lección de humildad y realismo deportivo. El tenista serbio reconoció sin ambages la superioridad de su rival murciano, admitiendo que el resultado fue justo dada la naturaleza del encuentro. “No es el desenlace que buscaba, evidentemente. Durante los dos primeros sets no encontré mi ritmo, pero él jugó a un nivel increíble, mostrándose muy completo en todas las facetas”, declaró Nole. A pesar de sus intentos por alargar la contienda, salvando incluso tres bolas de partido en un alarde de su característica resistencia, el de Belgrado asumió que no era su día. “Carlos es el justo vencedor”, sentenció un Djokovic que llegó a la cita tras una recuperación exprés de su operación de rodilla.
Aun con la decepción todavía fresca, apenas diez minutos después de concluir el duelo, el balcánico quiso poner en valor el camino recorrido. La frustración inicial da paso a una profunda satisfacción al reflexionar sobre las últimas semanas y las adversidades superadas. “Es un sueño que mantengo desde niño. Intento recordarme constantemente lo surrealista que es este sentimiento; cada vez que salto a esta pista siento la misma ilusión que la primera vez”, confesó, subrayando que su pasión por competir sigue intacta.
Un récord de longevidad sin precedentes
Más allá de la derrota puntual, la consistencia de Novak Djokovic sigue desafiando la lógica del deporte profesional. Su paso por Melbourne le ha permitido encadenar su quinta semifinal consecutiva en un Grand Slam, convirtiéndose, a sus 38 años y ocho meses, en el jugador más veterano en lograr tal hazaña. Lo verdaderamente asombroso de esta estadística es que Djokovic ostenta también el récord opuesto: es el jugador más joven en haber conseguido esa misma racha.
La primera vez que hilvanó cinco semifinales seguidas fue en Wimbledon 2007, manteniendo el tipo un año después con apenas 21 años y un mes. Casi dos décadas después, el serbio sigue siendo capaz de plantarse en las rondas finales de los grandes escenarios sin ceder terreno prematuramente. Ha sido semifinalista en todos los “Majors” desde el Open de Australia del año pasado, sumando ya 54 presencias entre los cuatro mejores, una cifra que deja atrás a cualquier rival y agiganta un legado que parece no tener fin.
El pulso contra el tiempo y la nueva generación
Esta excelencia sostenida durante casi veinte años resalta una durabilidad inédita en el tenis masculino. A pesar de haberlo ganado todo, Djokovic mantiene el hambre competitiva, con la mirada puesta en ese vigésimo quinto título de Grand Slam. Casi 20 años después de su irrupción, sigue siendo el rival más directo para el dúo dominante del tenis actual. No hay que olvidar que, antes de ceder ante Alcaraz, Djokovic superó a Jannik Sinner en semifinales y logró arrebatarle el primer set al español en la final antes de quedarse sin gasolina. El contraste es sobrecogedor: por un lado, jóvenes de 20 años que irrumpen con fuerza; por otro, un campeón experimentado de casi 39 años que sigue dando batalla en la cima. Las generaciones cambian, los rivales pasan, pero Novak permanece como la gran constante.
Tensión en el cuadro femenino: Ostapenko y el suspense en Doha
Mientras el circuito masculino digería la final, en el Qatar Open se vivían momentos de alta tensión que captaron la atención incluso de las propias jugadoras. Jelena Ostapenko, quien había certificado su pase a las semifinales tras vencer a Elisabetta Cocciaretto por 7-5 y 6-4, retrasó su rueda de prensa para no perderse el desenlace del vibrante duelo entre Iga Swiatek y Maria Sakkari.
Lo que parecía un día más en la oficina para la polaca, que dominó el primer set por 6-2, se transformó en un thriller. Swiatek desaprovechó dos bolas de break con 4-4 en el segundo set y acabó pagándolo caro. Sakkari aprovechó la inercia para colocarse 5-3 arriba en el tercero y sacar para ganar el partido. Ostapenko, atenta desde la sala de prensa, vaticinó lo que ocurriría: “Creo que se irán al 5-5 o al 6-6”, comentó a los periodistas. Y no se equivocó. La número uno del mundo recuperó el break para igualar a cinco, aunque finalmente la griega se llevó los dos juegos siguientes, cerrando un agónico 2-6, 6-4 y 7-5.
El resurgir de la letona en 2026
Una vez concluido el drama en la pista central, Ostapenko atendió a los medios con su habitual franqueza. “A veces me encanta ver partidos porque hay duelos realmente buenos, y otras veces no estoy de humor. Pero cuando los veo, analizo qué puedo usar contra esas jugadoras”, explicó. El buen humor de la campeona de Roland Garros 2017 no es casualidad; atraviesa uno de sus mejores momentos tras un inicio de temporada 2026 algo titubeante, donde firmó un discreto balance de 2-4 en sus primeros cuatro torneos. Ahora, con las sensaciones recuperadas, la letona se prepara para su duelo de semifinales en Doha, donde no se medirá a Sakkari, sino a la prometedora Victoria Mboko.